10 nov 2010
Anonima tristeza
7 oct 2010
Consecuencias.
lo que nos trae,
el recuerdo.
Todo lo que quedó atascado,
las maneras,
las formas.
El cantar de las gotas de agua,
del amor la resaca,
duele y grita.
Se escandaliza,
consecuencias de una vida
danzante bajo la luna.
5 dic 2009
Anoche lloré.
Siempre lloro y me empapo los labios de lágrimas y azufre. Pero anoche lloré, y fue distinto.
Lloré en seco y sentí que se me mojaba el corazón; lloré para adentro. Y fui cobarde, y no fui yo… o quizás es esa inútil reacción de no querer reconocerse en la cobardía de ese alguien en quien la noche y la melancolía nos han transformado.
Se me secó la garganta de un grito impotente que quedó atravesado ahí mismo.
Y me enojé.
Anoche lloré primero y luego me enojé. Y en mi atípico llanto convoqué los nombres ausentes y, claro, a Cortázar. El presente fue el mas desdichado regalo del destino.
La mierda! Si que estaba enojada…
Enojada con la vida, con mis padres, mi hermano mayor, y con él, por haberle amado tanto.
Luego la tristeza se fue ganando su espacio. Cortázar acudió y recordé que ahora venía la parte donde me sonaba la nariz y enjugaba mi llanto (léase “Instrucciones para llorar”). Pero ahí no acabó la seguidilla. También vino a la fiesta la bronca, porque la puta! Hasta el pobre Julio la ligó por haberse metido en la guantera de su auto azul.
Que va, dije, que se pudra! Escupí al viento rancio que minaba mi habitación.
Y lloré.
Ésta vez con lagrimas de los ojos. Si, esas superfluas aguas marinas.
Tanto que sacié mi sed y humedecí mi garganta.
Esta mañana era ideal para seguir con mi cara de ogro, pero me paré frente al espejo y me dije: “tonta! Él ni nadie merecen tu enojo. Además te vez fea así y eso no te lo permito, así que ahora vas a salir con tu sonrisa ancha a conquistar el mundo, a ver lo bueno que tienes y a ignorar lo malo”.
Escogí mi día.
Fui tan vulgarmente optimista que reí sola a carcajadas.
Y lloré.
De la risa esta vez…
21 nov 2009
La negra, la blanca y la puta
Mopaco cachamona.
Cachamona la carocha.
Socolama sacatrapa.
Sacatrapa la calorra.
Mopaco cachamona.
Nimona ni chopazo.
Encharcados en la mona.
Sopa la noche simaruna,
Y simaruna se cachana conchinchuna.
Ulasatrapa nepami ne colicuy.
Mochata simaruna!
Si, simaruna secoló.
Listalacamaruna, la negra,
La blanca y la puta!
12 nov 2009
Vos
Viajé miles de años en busca del amor, de eso que llena, que rejuvenece y gratifica el alma y el espíritu, claro.
Anoche en sueños fui a Pompeya. Fotografié el rostro de Julio Cesar y al dormirme desperté arrancándote un pedazo de cara en el recuerdo.
Quizás te quedaste medio tuerto.
Ah! pero fuimos tan salvajemente carnales, tan íntimamente humanos. Tan insoportablemente extraños perdidos en un tajo de tiempo.
Quizás nos quedamos medio.
Si, a medias... Ah! pero no a la mitad.
Llegamos al paraíso y nos incendiábamos las plantas de los pies y las manos se transformaron en asas de fuego marcándonos como ganado en el campo.
Pensándolo mejor no sólo te arranqué un pedazo de cara,
también te dejé sin aire de tanto respirar de tu boca; y te maté una porción de sueño idílico.
Nos perdimos en el bosque, y fui
Roma y las cruzadas.
Y fui
una secreta asesina
de Julio César. Fuimos la guerra por jerusalén.
Fuimos un
sueño.
Y encontré el amor a medio camino; al despertar envejecimos de golpe. El susodicho volvió a los libros épicos y yo a fotografiar romanos entre el presente y el pasado.
¿ Cómo despertaste vos ?
8 nov 2009
La mecha
Y se sonríe.
Y se ríe.
Cierra los ojos y se devuelve al mundo llena de voz, llena de música en los ojos.
Se reinventa.
La mecha se levanta. Que no! que lo del fénix ya esta muy trillado che...
Se reinventa como el barro seco cuando le añaden agua.
Y vuelve y me besa con la inocencia de los niños, con la suave piel hediéndole a pan y vainilla. Me roza la cara con el pelo cuando gira para volver a la pista.
Allá le esperan el Cacho, el Pedro y claro, el Juan.
2 nov 2009
Dialogo conmigo
Llegué y renegué de mi presencia, pues ¿qué hacía yo en ese pueblo arraigado a la pelusa que se movía como nieve?. Me senté en un banco apostado en una ancha y vieja vereda de la plaza principal, la única que había.
Abrí un Benedetti y empecé a leer. Luego leí en voz alta, y después que hubo pasado la segunda estrofa de la poesía grité. Y grité con tanta furia y ensueño de ideales que la gente tuvo que taparse los oídos a mi alrededor. Y de mis ojos salían abejas que se fugaban al atardecer, perdiéndose en el abismal sol que bajaba por la montaña.
La calma.
El silencio.
La revuelta de la imaginación.
Las ansias de encontrarle por ahí y destrozarle la boca de besos,
hasta que le sangraran los labios y le llorara los ojos y le riera la voz.
El humo del cigarrillo esparciéndose como grito ahogado en la penumbra.
La rara y calurosa tarde primaveral se enredaba en mi pelo haciendo nidos de codornices, excitando mi pubis, conduciéndome lento y rápido a tu pensamiento.
Y regresé, como regresan los caídos de una guerra; no me faltaba ninguna pierna,
sólo un bazo de memoria.
Y estaba sucia y hambrienta, tanto que ni las codornices quedaron después de la pelea.
El pueblo se quejó.
Benedetti por primera vez en mi calló.
No dijo nada.
Permanecimos en absorto silencio lo que quedaba del día.
El golpe
era inevitable.
Y ya no pude renegar, porque mi voz se había apagado.
Y ya no pude llorar, porque mis lagrimas
se tornaron piedras y muros inaccesibles.
Y ya no pude ser yo.
Me fui como se fueron las codornices,
como te fuiste
vos.