4 ene 2011
Suposición
30 dic 2010
Falta
Quizás falta amor, quizás sobra…
En las sobras se encuentran las faltas, las carencias.
Los excesos también son carencias consecuentes.
30/12/2011
15 dic 2010
Sospecha,
que no te crean ingenua.
Sospecha,
que no te violen la confianza.
Sospecha,
actitud de doncellas.
Sospecha,
una palabra bella.
Sospecha un beso,
sospecha una caricia,
sospecha que te roben el aire,
sospecha que te crean buena,
Sospecha,
vivir con o sin ella?
Sospecharse uno mismo,
pero sospecharse bien.
Tirarse al olvido,
creerse un desatino.
Sospechar ser un cretino,
sospechar ser un soberbio.
Sospechar,
pero sospecharse sospechado.
Y en ese mismo acto,
sospecharse bien.
17 nov 2010
10 nov 2010
Anonima tristeza
7 oct 2010
Consecuencias.
lo que nos trae,
el recuerdo.
Todo lo que quedó atascado,
las maneras,
las formas.
El cantar de las gotas de agua,
del amor la resaca,
duele y grita.
Se escandaliza,
consecuencias de una vida
danzante bajo la luna.
5 dic 2009
Anoche lloré.
Siempre lloro y me empapo los labios de lágrimas y azufre. Pero anoche lloré, y fue distinto.
Lloré en seco y sentí que se me mojaba el corazón; lloré para adentro. Y fui cobarde, y no fui yo… o quizás es esa inútil reacción de no querer reconocerse en la cobardía de ese alguien en quien la noche y la melancolía nos han transformado.
Se me secó la garganta de un grito impotente que quedó atravesado ahí mismo.
Y me enojé.
Anoche lloré primero y luego me enojé. Y en mi atípico llanto convoqué los nombres ausentes y, claro, a Cortázar. El presente fue el mas desdichado regalo del destino.
La mierda! Si que estaba enojada…
Enojada con la vida, con mis padres, mi hermano mayor, y con él, por haberle amado tanto.
Luego la tristeza se fue ganando su espacio. Cortázar acudió y recordé que ahora venía la parte donde me sonaba la nariz y enjugaba mi llanto (léase “Instrucciones para llorar”). Pero ahí no acabó la seguidilla. También vino a la fiesta la bronca, porque la puta! Hasta el pobre Julio la ligó por haberse metido en la guantera de su auto azul.
Que va, dije, que se pudra! Escupí al viento rancio que minaba mi habitación.
Y lloré.
Ésta vez con lagrimas de los ojos. Si, esas superfluas aguas marinas.
Tanto que sacié mi sed y humedecí mi garganta.
Esta mañana era ideal para seguir con mi cara de ogro, pero me paré frente al espejo y me dije: “tonta! Él ni nadie merecen tu enojo. Además te vez fea así y eso no te lo permito, así que ahora vas a salir con tu sonrisa ancha a conquistar el mundo, a ver lo bueno que tienes y a ignorar lo malo”.
Escogí mi día.
Fui tan vulgarmente optimista que reí sola a carcajadas.
Y lloré.
De la risa esta vez…